Majestuosos y bien conservados: ruta por los monasterios de la provincia

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Desde el extremo norte al sur. De este a oeste. A lo largo de toda la provincia emergen ellos. Majestuosos. Pétreos. Históricos. Monasterios que susurran su pasado y que, en el presente, se han convertido en auténticos centros turísticos. Te proponemos un recorrido por algunos de los más representativos (y mejor conservados) de Galicia, todos ellos asentados en la provincia.

Monasterio de Carboeiro (Silleda). En su día a día figuran usos como el de plató de cine o escenario de proyectos audiovisuales. Reformado hace solo unos años, su historia comienza cuando se inició su construcción sobre la pequeña ermita llamada Égica. Sus impulsores, discípulos del maestro Mateo, dejaron su impronta en la ornamentación del propio monasterio, que guarda similitudes con la de la catedral de Santiago.

En su entorno, sobre el río Deza, un puente de sillería da paso y atesora múltiples leyendas. Al mismo tiempo, sirve de acceso a Carboeiro, considerado una de las joyas del románico ojival de la región y hoy perteneciente a la diócesis de Santiago de Compostela. Hay que volver al principio, a su comienzo, para comprender la importancia de este monasterio. Fundado en 939 por los condes don Gonzalo y doña Teresa, sería destruido a finales del siglo X. Su apogeo se sitúa entre los siglos XI y XII. De este momento es su iglesia, compuesta de tres tramos en la nave principal, con ornamentación vegetal en los capiteles de sus columnas adosadas. Su ábside de triple capilla, sobre un gigantesco pedestal de la cripta, se queda grabado en la retina.

Monasterio de Aciveiro (Forcarei). En pleno corazón de Terra de Montes, este antiguo monasterio románico del siglo XII está hoy rehabilitado y funciona como complejo hotelero. Incorporado al Císter en 1170, su estilo sigue las pautas de esta orden: sus dependencias se distribuyen en torno al claustro. En la actualidad, al poner un pie en este enclave de Aciveiro —localidad que creció en torno al propio monasterio— se experimenta la calidez de un monumento declarado Bien de Interés Cultural. En 1842 tuvo lugar su subasta pública, aunque  su iglesia conserva el uso parroquial.

De planta basilical, este templo está dividido en tres naves y tres ábsides de estilo románico. En el muro norte de la edificación se encuentra la puerta de una antigua fábrica románica compuesta de dos series de arcos y columnas. Con ábsides semicirculares, la fachada de la iglesia fue restaurada y se caracteriza por su sobriedad. Sobre el tímpano sobresale una imagen de la Virgen y, sobre ésta, una ventana cuadrangular. En el interior destaca un falso triforio en la nave central, espacio de unos 36 metros de longitud y 12 de altura. Sus columnas aparecen decoradas con capiteles que reflejan distintas temáticas mientras en el retablo del templo se recrea la Última Cena.

Monasterio de San Xoán (Poio). La arquitectura religiosa de la provincia tiene en Poio otro de sus referentes, ya que en este municipio limítrofe con Pontevedra se encuentra el monasterio de San Xoán, del que la primera referencia de la que se tiene constancia es del año 942. El complejo está conformado por dos monasterios: un antiguo convento benedictino y un segundo mercedario. En la zona del claustro destacan el estilo renacentista y el barroco, que ornamentan el claustro de las Procesiones y el claustro de los Naranjos o del Cruceiro. Renacimiento y barroco se dan la mano también en la iglesia, donde hay que pararse ante el retablo del altar mayor, la antigua sacristía —que alberga el sepulcro e imagen de Santa Trahamunda— o la huerta, donde se encuentra uno de los mayores hórreos de toda Galicia.

Situado en la ría de Pontevedra, este espacio alberga además un museo, una biblioteca y distintas exposiciones. Perteneciente a la Orden de la Merced, destaca también en él su escalera principal, de estilo barroco. Construida entre 1747 y 1749, se eleva grandiosa evitando los soportes existentes en las inmediaciones.

Monasterio de San Salvador (Lérez). De origen benedictino, se conservan la escalera, el patio y una parte del claustro. Estamos ante una construcción que presenta elementos barrocos y neoclásicos, cuyo origen se remonta al siglo IX. Siglos después, en el XVII, se amplió para dar lugar al Colegio de Artes y Filosofía. En el XIX los monjes abandonarían el recinto a causa de la desamortización de Mendizábal. En la actualidad, su iglesia neoclásica con fachada barroca recibe a cientos de visitantes en el mes de julio, momento en que se celebra la romería de San Bieito de Lérez.

Monasterio de Santa María (A Armenteira). La vegetación, en las proximidades del monte Castrove, forma parte indisoluble del monasterio de A Armenteira. Con origen en un antiguo monasterio, fue absorbido por la Orden del Císter entre los años 1149 y 1162.

De su arquitectura destaca el claustro del siglo XVII, con arcos de medio punto y bóveda de crucería. Restaurado en los últimos años, el conjunto presenta un excelente estado de conservación. La actividad es constante, pues su comunidad de monjas cistercienses elabora jabones con aceites esenciales y plantas aromáticas, además de contar con una pequeña hospedería.

Estructuralmente, los contrafuertes separan las tres naves, que rematan con ábsides semicirculares, y la central está reforzada por unos arcos fajones. La leyenda dice que un caballero de la corte de Alfonso VII decidió construirlo, después de que la Virgen se lo hubiese pedido en un sueño, para redimirse de su incapacidad de tener hijos con su mujer.

Monasterio de Santa María (Oia). El de Oia es un monasterio nacido con el privilegio de encontrarse junto al mar. Esta edificación benedictina con origen en el siglo XII está hoy catalogada como Bien de Interés Turístico. Con la llegada del Císter a Galicia Oia se erigió como un centro de gran poder en el entorno, cuya influencia llegaba incluso al norte de Portugal. Respecto a sus elementos arquitectónicos, éstos obedecen a estilos como el románico, el gótico o el barroco. Destacan en su construcción la sacristía, el claustro, el piso bajo con los cuartos monacales, la biblioteca, la torre o la fachada de la iglesia.

Su proximidad al mar es, como decíamos, la seña distintiva de Oia. Ningún otro monasterio de la orden del Císter se encuentra tan cerca. De hecho, su pequeña cala con vistas al Atlántico ha servido en muchas ocasiones como refugio.

Pero además de estas seis joyas de la arquitectura monástica, por la provincia se reparten otras que en su día acogieron una actividad monasterial o conventual de gran importancia y de las que hoy quedan como testigos sus ruinas o algunos elementos conservados.

Es el caso del monasterio de San Salvador de Camanzo, en Vila de Cruces, del que se conserva su iglesia románica, construida en 1166. Con planta de cruz griega y restos prerrománicos, podemos observar los dos últimos tramos de las naves laterales, mientras en la principal los dos primeros arcos funcionan a modo de muro. Destacan en la puerta principal las figuras de cuatro ángeles con los brazos abiertos, mientras en el tímpano la figura de un Salvador nos bendice. Declarado Bien de Interés Turístico, fue fundado en el siglo X por el conde don Gonzalo y doña Teresa.

En Cotobade, el monasterio de Tenorio conserva la iglesia y el claustro antiguo. La primera es originaria del siglo XVI, mientras el segundo ocupa las dependencias de la rectoral. Las columnas arcadas, la fachada barroca o el estilo renacentista de su claustro son motivos por los que visitar este espacio. En Silleda se encuentra San Pedro de Ansemil, contemporáneo de Carboeiro. Dos capillas, una románica y otra gótica, conforman su antigua iglesia. Muy cerca, San Pedro de Vilanova de Dozón conserva hoy la iglesia. Fundado en el siglo XII, destaca por su sencillez.

En el centro urbano de Pontevedra el convento de San Francisco da forma, en la zona de A Peregrina y A Ferrería, a una de las imágenes más características de la ciudad. A solo unos minutos a pie, del monasterio de San Domingos se conservan únicamente la cabecera, de cinco ábsides y excepcional en el gótico gallego, parte del muro sur de la iglesia y la entrada a la sala capitular del convento, fundado en torno a 1282. En Tui se encuentra San Bartolomé de Rebordáns, construido en granito, en el que destacan sus capiteles y pinturas murales. Sede episcopal en los siglos XI y XII, el templo se compone de tres naves. 

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