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Las primeras ciudades de Rías Baixas: pueblos castreño y romano

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Poblados más o menos grandes surgieron en el noroeste peninsular en forma de castros y muchos sobrevivieron hasta la llegada del Imperio Romano. Este patrimonio se puede admirar en museos o visitar en los yacimientos que existen en Rías Baixas.

Los castros

En la etapa de la denominada cultura castreña (s. IX a. C.-I d. C.), los poblados suelen situarse en lugares altos y estratégicos, con el fin de divisar los territorios frente a un posible ataque. En la actualidad estas localizaciones le dan un plus a la visita.

Los recintos de estas construcciones denominadas castros, o citanias, cuando su tamaño era considerable, estaban amurallados y rodeados de fosos, contenían viviendas muy pequeñas, construidas con pequeñas piedras, de planta circular y tejado de paja. La disposición de las casas era totalmente irregular, adaptándose al terreno.

El más imponente y de los mayores y mejor conservados, con unas impresionantes vistas de la desembocadura del río Miño, es el castro de Santa Trega, en el municipio de A Guarda, justo en la frontera entre España y Portugal. Datado entre los siglos I a. C. y I d. C., las primeras excavaciones se realizaron en 1913 de manera fortuita. Está rodeado de una muralla con dos accesos, al norte y al sur, y se compone de construcciones circulares pero también rectangulares. En este castro se pueden visitar dos de ellas reconstruidas y el museo para conocer más sobre el yacimiento, además de pasear por el poblado.

En el extremo Oeste de la península del Morrazo, en la parroquia de Hío (Cangas) la excursión en busca del Castro de Monte do Facho te llevará a lo alto de esta montaña, desde donde se divisan unas espectaculares vistas de las Islas Cíes y de las Islas Ons. Las prospecciones muestran que el asentamiento fue extenso, temporal y geográficamente, con una primera ocupación, de la que apenas tenemos información y que iría aproximadamente del s. X al VII a.C, y una más moderna que podemos apreciar gracias a las últimas excavaciones y que abarca del s. VI al I a.C. Tras la romanización las personas que lo habitaban abandonan la cumbre y en su lugar se erigió el Santuario de Beróbriga, dedicado a este dios Lar en nombre del cuál se consagraban aras votivas que poblaban la ladera del monte (se encontraron más de 160) y cuyas réplicas podemos apreciar en el propio yacimiento (existen originales en el Museo de Pontevedra y el Museo Quiñones de León, en Vigo). Más tarde, con las contínuas incursiones de piratas, en el siglo XVII la cima recuperó su naturaleza vigilante con la construcción de una curiosa garita que todavía se conserva.

En el norte de la provincia, en el municipio de Ribadumia, se encuentra el monte de O Castro, también llamado castro de Besomaño, un bien catalogado con un buen estado de conservación. En él se encontraron varias herramientas, armas y evidencias que hacen suponer un abandono tras un gran incendio en el s. I d. C. (quien sabe si fruto de un combate), si bien continúan las excavaciones en el yacimiento para dar más luz al misterio que rodea a este emplazamiento.

En la villa termal de Cuntis encontramos el castro de Castrolandín, de la segunda mitad de la Edad de Hierro, siglo II a. C. Gracias a tres fases de excavación podemos determinar que en él podrían vivir unas cien personas y estaba defendido por una fosa con un gran muro de tierra.

La ciudad de Vigo ha recuperado estos últimos años dos castros situados en dos lugares que merecen una visita por sí mismos: el Castro de Vigo, en el Monte de O Castro, el punto más elevado del núcleo urbano, en el cual se recuperaron varias viviendas y desde donde se pueden divisar una de las mejores panorámicas de la ciudad. Dentro de las instalaciones del Museo del Mar, se encuentra el Castro de Punta do Muíño do Vento, justo en la zona externa de lo que fue una antigua fábrica conservera y el antiguo matadero de la ciudad, recuperado por el arquitecto César Portela como museo y situado en las inmediaciones de la playa de Samil, importante reclamo turístico de la ciudad.

Además de estos castros destacados, existen otros muchos en Rías Baixas, como, por ejemplo, el Castro do Alto dos Cubos, en Tui, el Castro da Subidá (o Cividá) en Marín, el Castro de As Croas (Pontevedra), el Castro de A Lanzada (Sanxenxo) y el Castro de Alobre (Vilagarcía de Arousa). Dejando la costa, en el interior de la provincia también te sorprenderán importantes construcciones: el Castro de Toiriz  en Silleda rodeado de numerosas leyendas populares; el Castro de Troña en Ponteareas, de marcado urbanismo y famoso por el petroglifo A Serpe de Troña; el Castro del Alto da Cruz do Castro en Cotobade, donde se puede apreciar la existencia de viviendas de base rectangular, señal de asentamiento galaico-romano sobre el castreño o prerromano original. Sin duda alguna, todo un viaje al pasado.

Los asentamientos romanos

La gente que habitaba los castros cedió al avance de las tropas romanas. Algunos de ellos fueron romanizados (por eso la presencia de construcciones cuadradas en algunos castros) mientras otros fueron abandonados, surgiendo nuevas poblaciones a pie de costa o en los valles fluviales sin duda favorecidas por la seguridad que propiciaba el imperio y las costumbres, usos y arquitectura romanas.

Muchas villas y ciudades actuales tienen su origen en estos núcleos, pero también existen diversos restos arqueológicos de asentamientos y edificaciones de carácter industrial, algunos de ellos musealizados, que nos harán disfrutar de la huella que la romanización dejó en esta parte de la antigua Gallaecia.

En pleno centro de la ciudad de Vigo se puede visitar el museo de las Salinas (Salinae), los restos de la antigua fábrica de sal construida al borde la ría y que operó entre los siglos I y III d. C. Un auténtico viaje a un pasado no tan lejano donde se pueden comprobar los avances que produjo esta civilización y que sentaron las bases de gran parte de la vida industrial de las Rías Baixas. Sin salir de Vigo, Rías Baixas. Además de las salinas musealizadas en Rosalía de Castro, también en la ciudad olívica se encuentra la Villa Romana de Toralla. Recientemente abierta y visitable, el yacimiento se encuentra en una zona ajardinada de la playa de O Vao. Cuenta con una vivienda principal, dependencias para el servicio, almacenes y graneros.

En la península de O Salnés, podrás pasear entre importantes restos romanos a poca distancia unos de los otros. Se trata del yacimiento de A Lanzada,  en Sanxenxo, y el de Adro Vello, en San Vicente de O Grove. El primero, restaurado en 2010, contiene una factoría de productos marinos, varias cabañas castreñas y restos de un poblado galaico-romano.

En Adro Vello verás restos de edificaciones de distintas épocas, superpuestos, entre los que se encuentran tanto romanos, como alto y bajomedievales y de la Edad Moderna (XVI-XVIII). Sobre una factoría de salazón de hace 2.000 años se construyó una villa romana. Tras ésta vino la iglesia visigótica, trasladada por los ataques piratas continuados. De esta época es el nombre de Adro Vello. En la Edad Media comenzó a usarse como lugar de enterramiento, tal y como atestiguan las numerosas lajas sencillas. En el Medievo también se construyó una torre defensiva de la que se conserva la base de planta cuadrada, pero continuó usándose como cementerio hasta el siglo XVIII. 

Para finalizar nuestro recorrido, en el municipio de Valga se encuentra el yacimiento de A Igrexa Vella. Su continuidad os llevará desde la época romana hasta la Edad Moderna. Restos funerarios, industriales y de muros dan paso a los de una iglesia basilical, a la que siguió una segunda más grande.

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