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Más de 600 ejemplares y una reticulata que supera los dos siglos

Dicen de él que sus dos estanques representan la virtud y la vanidad. También que su paseo de tilos –entre estos estanques y el bosque de Guillufe– cobija al caminante del frío y del sol. Que el pazo de Oca –monumento de la Casa Ducal de Medinaceli en A Estrada– no se entendería sin su relación con el agua. Dicen, además, que Versalles gallego es un sobrenombre que no podría estar más acertado. Y en esta comparación con los campos franceses, los jardines del pazo estradense se declaran culpables. Porque, una vez los pies traspasan los muros pétreos de esta casona en torno a la que creció la parroquia de Oca, la vista tiene que hacer verdaderos esfuerzos para mirar en una única dirección.

Grandes cuadros de setos, de unos 30 metros, delimitan los jardines del pazo de Oca. Ejemplares de criptomeria, tejo, magnolias perennifolias, lagerstroemias, secuoya roja, arce blanco y laurocerasos delimitan el paso. Sin embargo, a todos ellos se suma el más excepcional: Camellia reticulata ‘Captain Rawes', que se une a un conjunto de antiguas camelias. Para nada son perezosas: entre todas regalan sus flores desde enero a abril –hay años que incluso antes– de modo que, cuando se marchan, dejan ya en manos de la primavera la tarea de realzar la belleza de un pazo barroco en el que algunos camelios superan los ocho metros. Y se cuentan por cientos: hasta los 600 ejemplares. Los más antiguos del lugar crecen en él desde el siglo XVIII. Presumen de ser de los más longevos de la provincia –recordemos que el género se introdujo después del siglo XVI en Occidente–. Tonos rosas y blancos predominan. Y juegan a mezclarse entre sí en un pazo en el que también hay espacio para un jardín hortícola y frutal. Así, la presencia de kiwis o manzanos recuerda que Oca, como todo palacio, se concebía como una unidad autosuficiente. En el caso de las camelias, ejemplares de los cultivares ‘Alfredo Allen', ‘Anemona Alba', ‘Luiz Van-Zeller', ‘Mont Blanc', ‘Pompone', ‘Pomponia Estriata Portuensis' y ‘Pomponia Portuensis', de Camellia japonica, y del cultivar ‘Uraku', de Camellia wabisuke, reciben a los visitantes.

Respecto a su historia, los primeros vestigios datan del siglo XV. Álvaro de Oca y su hijo Suero serían los primeros señores de la primitiva fortaleza medieval, que asistió a diversas remodelaciones. Intervenciones que no sólo afectaron a la arquitectura del palacio sino a los propios jardines, considerados los más hermosos de toda la provincia de Pontevedra y As Rías Baixas