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El fantasma del castillo y el arma secreta que decidiría la Gran Guerra

Carlos Micó, director del periódico Los Aliados, durante su visita al castillo de Soutomaior se encontró en un salón con un extraño personaje, al que saludó. Cuando le consultó a María Vinyals si el hombre no comería con ellos, ella se estremeció y le preguntó si realmente lo había visto, pues pensaba que tan sólo ella y su marido lo veían. María pidió a Carlos Micó que hablara con él, con la esperanza de que el espectro desapareciese de sus vidas, y así lo hizo el invitado. El extraño hombre relató que era de origen alemán, nacido y educado en Heidelberg y que vivía en el castillo como preceptor del sobrino del que había sido propietario de la fortaleza años atrás. Había construido un laboratorio en los sótanos del castillo y allí pasaba las horas elaborando complejas fórmulas químicas que lo llevaron al descubrimiento de un arma muy poderosa con la que los germanos se impondrían en la Primera Guerra Mundial. Escondió esta fórmula en las paredes de las salas bajas del castillo y salió de caza con los propietarios, pero nunca volvió, ya que tras una violenta caída del caballo murió. Vagaba desde entonces por el castillo atemorizado por la angustia de que alguien localizara su fórmula, que él quería que llegase a manos alemanas. Pidió con insistencia a Carlos Micó que destruyera el documento y, tras obtener su promesa, lo llevó hasta él.

Carlos Micó relató lo sucedido a María Vinyals y a su segundo marido, Enrique Lluria, además de a los parientes y amigos que se encontraban aquel día en el castillo, y Enrique propuso caminar inmediatamente hasta el lugar y que un albañil abriese un hueco en un punto señalado de la pared. Se dirigieron todos al sótano del castillo sugestionados por lo que estaba sucediendo, el albañil quitó un ladrillo y apareció un hueco de 60 cm. Allí estaba el libro, lleno de moho. María se abalanzó sobre el volumen, pero rápidamente Carlos Micó se abrió paso, ya que le había dado al fantasma su palabra de eliminar la obra. Todos lo siguieron al salón, donde encendieron la chimenea y se mantuvieron en silencio hasta que el documento se extinguió completamente. El Alemanote, así lo llamaban por su aspecto fornido, nunca volvió a aparecer.