Tres senderos en Soutomaior: camelias, viñedos y bosque

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Paraje de castillo, escenario de luchas y espacio donde reinaron las armas, Soutomaior se eleva con brío en el valle del río Verdugo. Podría parecer que lo hace con fuerza, con la resistencia propia de una fortaleza medieval que hoy luce también palaciega. Y, sin embargo, en este enclave es la delicadeza la que gana todas las batallas. La flor de Oriente aporta sutileza. Los viñedos, personalidad. Y el bosque, frondosidad. Todos a una configuran Soutomaior, donde la arquitectura y el entorno natural forman una unión indisoluble.

Poner los pies en el entorno del castillo de Soutomaior, en el municipio pontevedrés del mismo nombre, es como iniciar un viaje en el tiempo. Al de los juglares, los oficios tradicionales o las batallas medievales. Este espacio enclavado en el valle del río Verdugo, próximo al mar pero escondido de él, lo tiene todo: un puente levadizo, un recinto doblemente amurallado y hasta un patio de armas, que nos transportan, de inmediato, al escenario de cualquier relato medieval que tengamos en mente. En los primeros metros de la ladera sobre la que se asienta contemplamos la panorámica que esta fortaleza se encarga de llenar. Y se inician las primeras escenas.

Aunque no existe confirmación sobre el origen de este castillo, hoy en perfecto estado de conservación, se considera muy probable que sus inicios daten del siglo XII y que se ligara más tarde a Pedro Álvarez de Sotomayor, conocido como Pedro Madruga. El más célebre de los Sotomayor impulsó la renovación del castillo, que pasó de despuntar en enfrentamientos bélicos a adquirir años más tarde un carácter residencial. Varias disputas llevaron a que, ya en el siglo XVIII, Benito Fernando Correa tomara posesión de la construcción. Los marqueses de la Vega de Armijo hicieron posteriormente de ella su residencia de verano. Y en este proceso de transformación en un acogedor hogar nació también uno de los jardines más espectaculares de toda la provincia pontevedresa. La Diputación de Pontevedra lo adquirió en 1982.

Pero para conocer en profundidad este hermoso e histórico castillo y su entorno que, con 25 hectáreas, está considerado el jardín botánico más importante de Galicia, hay tres opciones. Convertidos en rutas, estos tres itinerarios discurren por su jardín de camelias, por los viñedos o por el bosque que lo rodea. Vamos a descubrirlos uno a uno:

  • Las camelias. La flor de Oriente que inunda de color el paisaje es la protagonista indiscutible del jardín. Junto a castaños de más de 800 años de antigüedad, los camelios se cuentan por docenas. Los hay de hasta 25 variedades distintas, de diferentes colores, tamaños y formas, que nos acompañan desde la propia escalinata de acceso al parque. Al iniciar de nuevo el camino hacia el castillo se vislumbran los ejemplares centenarios que, en su día, tuvieron el privilegio de ser las primeras plantas de camelia de Galicia. Su veteranía añade atractivo a un jardín enmarcado en la Ruta de la Camelia y reconocido como Jardín de Excelencia Internacional desde 2012. Y, en materia de veteranía, hay una clara vencedora: la Camellia japonica del siglo XIX, la más longeva de todo el parque. En total, más de 200 camelias mecen al caminante, que tras dejar atrás una entrada bordeada de camelias descubre, entre distintos tonos, reticulatas o longicarpas.
  • Los viñedos. El caldo de la vid es parte importante de la idiosincrasia de As Rías Baixas y, en este caso, la zona de Soutomaior es reconocida por la alta calidad de sus albariños. Al adentrarse en los viñedos del castillo se descubren espacios muy distintos: uno central, que muestra una planificación casi propia de un jardín, y otro más escarpado, al fondo de la propiedad.
  • El bosque. Un suelo menos fértil y poco profundo convertido en alfombra natural: así es el terreno forestal de Soutomaior. Extenso y montañoso en su inicio, este itinerario entremezcla camelios y especies forestales de tal manera que del jardín al bosque el tránsito es muy suave. La capilla de San Caetano, un pequeño arroyo y hermosas vistas acompañan al caminante, que recibe la sombra y el cobijo de todo tipo de especies: arbustos ornamentales, castaños, robles, pinos, eucaliptos, liquidámbares, madroños o laureles rivalizan entre sí, y todos parecen ganar.

Así es Soutomaior. Una unión indisoluble entre arquitectura y entorno natural. Entre parque y castillo hoy convertido en palacio y en el que, como tal, se suceden distintas salas nobles o el capricho neogótico denominado la Galería de las Damas.

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