Virtud y vanidad en el pazo de Oca: los dos estanques del "versalles gallego"

Buscador
Convertidos en auténticos parques botánicos, muchos de los pazos de Galicia huelen a piedra y conquistan en tonos verdes. Es la misma escala cromática que predomina en los cientos de especies que pueblan sus jardines, repartidos por toda la provincia de Pontevedra. Pero este fulgor tiene, en el caso concreto del pazo de Oca, un aliado indiscutible: el agua. El "versalles gallego" hace bueno el dicho popular de que, para que las tierras gallegas luzcan el esplendor que acostumbran, la frecuencia de la lluvia es un precio muy bajo.

La riqueza arquitectónica del pazo es motivo de alabanzas, como lo es también su iglesia, de uso parroquial. O los jardines. O el paseo de tilos. O sus camelias. O sus especies centenarias. Y así una retahíla de atractivos que convierten al de Oca en el referente de los pazos de la región y también en uno de los mejor conservados. Aún así, junto a todos estos recursos, quien pone los pies en él regresa sobre sus pasos, la mayor parte de las veces, con un recuerdo en formato fotográfico: el de sus retratadísimos estanques.

Quien acceda por primera vez a Oca, donde la belleza reina por doquier, no sabrá muy bien en qué dirección mirar. Y encontrará, en los estanques, un remanso. En este espacio, que aparece delimitado por dos muros –uno de piedra y otro vegetal– da la impresión de que se pretendió desarrollar una idea conceptual que todavía no está perfectamente analizada. Sin embargo, las barcas de piedra –una de guerra y otra de pesca– y la presencia del señor de la sierpe parecen aludir a la existencia de dos mundos diferenciados: por un lado, el estanque de arriba, el de las aguas mansas, representaría las virtudes; mientras el de abajo, turbulento, acogería las vanidades del mundo.

Los estanques están situados en un lugar idóneo para el perfecto aprovechamiento del agua del río Boo a su paso por la huerta. De este modo, el agua se convierte en elemento figurativo pero también funcional, pues el río se detiene en el lavadero, fluye por acequias y fuentes, descansa en el estanque sin olvidar mover un molino y generador eléctrico, hoy sin usar, y todavía llega con fuerzas al segundo estanque, ya con mayor tranquilidad. Coronan el espacio plantaciones de boj de más de trescientos años. Por tanto, funcionalidad y estética recorren juntos el jardín de Oca.

Así, desde la Fundación Casa Ducal de Medinaceli, gestora de este pazo, se explica que "parece evidente, o al menos es la hipótesis más plausible, la intención del I marqués de San Miguel das Penas de representar el conjunto de los estanques como un barco invertido (las aguas, en lugar de rodear el barco, lo llenan) por el que navegan dos barcas menores jugando a una contraposición simbólica y polisémica entre la tierra y el infierno, la vanidad del mundo (representada por la barca de guerra de abajo) y el paraíso (simbolizado por el barco de pesca de arriba), todo ello presidido por la capilla que parece flotar entre la vegetación". Monstruos heráldicos adornan el barco de guerra, como almenas y bolas rodean los estanques.

Incluido en la Ruta de la Camelia, está abierto todos los días de la semana y se puede acceder al recinto hasta 30 minutos antes del cierre. En concreto, la visita a los jardines puede realizarse entre las 9:00 y las 18:30 horas en invierno (de noviembre a marzo) y desde las 9:00 hasta las 20:30 horas en verano (de abril a octubre).

Disfrutar con...
Pareja Grupo Solo Familia
Cuándo ir...
Otoño Invierno Primavera Verano
Dónde...
Interior Norte   
Recursos de la experiencia
Recursos de la experiencia
Recursos cercanos
Recursos cercanos