Castillo de Soutomaior
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Este conjunto arquitectónico, mitad fortaleza medieval, mitad palacio neogótico del siglo XIX, está formado por dos torres unidas por un edificio habitable y un patio de armas, rodeados por una doble muralla.

Su origen está vinculado con la figura de Paio Méndez Sorrede. Hablamos del s. XII, durante el reinado de Alfonso VII. Concebida como edificación fortificada de carácter militar y defensiva hasta el siglo XV, evoluciona coherentemente, de torre de defensa a fortaleza con doble recinto amurallado.

Su estratégico emplazamiento no se debe a la altura o a la inaccesibilidad, sino a las ventajas ofrecidas por encontrarse escondido ante las posibles invasiones realizadas por mar, a su capacidad para señorear las tierras de su feudo y controlar las comunicaciones de sur a norte de la provincia, establecidas a través de Pontesampaio y que se dirigían al interior por los cauces de los ríos Verdugo y Oitavén.

 

PEDRO MADRUGA

Pedro Álvarez de Soutomaior, más conocido como Pedro Madruga, fue el personaje más singular de los relacionados con el castillo. Hizo de él la base de sus correrías en el siglo XV, época de máximo esplendor de la Casa de Soutomaior.

Se convirtió en leyenda por su intervención en múltiples episodios de la historia de Galicia, como sus enfrentamientos con los irmandiños, con la jerarquía eclesiástica y con otras familias nobles. A él se debe la reconstrucción de la fortaleza tras ser destruida por las revueltas irmandiñas en el s. XV, adaptándola al empleo de armas de fuego, introducidas por primera vez en Galicia.

 

ETAPA RESIDENCIAL

Tras tres siglos en declive y total abandono, a finales del siglo XVIII adquirió carácter residencial, cuando fue adquirido por el marqués de Mos, quien coloca su escudo de armas en la actual entrada sur.

En 1870 los marqueses de la Vega de Armijo lo transforman en residencia veraniega, convirtiéndolo en un palacio neogótico en el que destacan la capilla y la galería de damas. Ellos son también los responsables de la creación del parque y de los jardines que lo rodean, con el fin de dar grandes paseos, sobre todo cuando recibían la visita de Alfonso XII.

Su heredera, María Vinyals y Correa, marquesa de Ayerbe, y su esposo, el doctor Lluría, construyen un sanatorio en las inmediaciones del castillo, que hoy en día se ha convertido en Pousada, así como una serrería mecánica y un molino para transformarlo en granja modélica. Pero las actividades políticas de ambos les hacen perder la propiedad a principios del siglo XX, propiciando el progresivo abandono y deterioro de la fortaleza.

En 1982 la Diputación de Pontevedra adquiere el castillo y las propiedades que lo rodean, llevando a cabo una gran rehabilitación del conjunto, pero manteniendo su estructura original para llevarlo a fines culturales.