Unha viaxe polo nadal
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A Porta do Sol, Vigo

Esta antigua población de pescadores creció desde la ribera de O Berbés hasta transformarse en la mayor ciudad de Galicia. En ese viaje, impulsado por la riqueza del mar y la fuerza de la industria, Vigo encontró en el tranvía un símbolo de su progreso, moderno al tiempo que romántico. Raíles, cables y paradas, hoy desaparecidos, se extendieron durante décadas por las principales calles de la ciudad, y los coches abarrotados de pasajeras y pasajeros formaban parte del paisaje urbano.

La llegada del tranvía fue un hito en su tiempo. Un grupo de notables vigueses lanzó en 1911 el proyecto, y el 8 de agosto de 1914 los coches iniciaron el servicio regular. Las líneas de la compañía Tranvías Eléctricos de Vigo crecieron pronto en las principales arterias urbanas y con el curso de los años se expandieron a otras localizaciones; en 1926 se inauguró el servicio a Baiona y en 1945 los tranvías conectaron el centro con Samil.

A Porta do Sol, kilómetro cero de Vigo y lugar animado de encuentro presidido hoy por la efigie del Sireno, era el punto neurálgico de la red vial de este moderno medio de transporte, que durante dieciocho años, hasta 1932, cruzó por la calle de O Príncipe. Los emblemáticos tranvías se adaptaron a la orografía y se movían ágiles por la urbe, tanto en el llano como en las fuertes pendientes.

El día de Fin de Año de 1968 circularon por última vez. La ciudad siguió su progreso en otro medio de transporte, el autobús, y el tranvía pasó a la historia convertido en emblema de su tiempo.

Porta do Sol en Vigo