Combarro, el centro histórico más diminuto de Galicia

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Su ubicación, escondida en un rincón de la ría de Pontevedra, ha facilitado que su arquitectura y urbanismo del siglo XVIII hayan llegado intactos hasta el siglo XXI. Pero Combarro es mucho más que sus 30 hórreos dispuestos sobre la costa.

A unos seis kilómetros de Pontevedra se encuentra la parroquia de Combarro, perteneciente al municipio de Poio. La huella marítima se deja notar en cada uno de los elementos característicos de la arquitectura civil y religiosa de este pequeño conjunto arquitectónico.

Comenzando en la plaza de Chousa, las vistas de la costa de Poio y de la isla de Tambo dan paso al interior del casco antiguo. Construido sobre un bloque granítico, algunas de las casas están cimentadas sobre él y fue parte del material de construcción del pueblo.

Los tres elementos fundamentales que se pueden observar son:

Los cruceiros: los estudios de antropología hablan de un culto precristiano que se comparte con regiones celtas de la Bretaña francesa o Irlanda. Protegían cruces de caminos donde se creía que se realizaban reuniones de meigas, convirtiéndose en lugares seguros. Los cruceiros de Combarro cuentan con la particularidad de que la figura de la virgen tallada en ellos mira siempre hacia el mar, salvo en el que está en la playa de Padrón, por la que se puede caminar sólo cuando la marea está baja.

La calle de San Roque conduce a la iglesia del mismo nombre, del siglo XVIII, con un cruceiro donde se distingue la figura de san Roque con su inseparable perro, San Roquiño.

El segundo elemento distintivo de Combarro son las casas marineras: en la calle A Rúa pueden verse casas pegadas, con la división típica que situaba la vivienda en la planta superior y la inferior destinada a almacén para aperos de pesca y agrícolas. Algunas de ellas contaban con una marca diferenciadora que era la solaina, un balcón en piedra de inspiración barroca que terminaba en escalera. La gente del mar normalmente lo construía con madera o hierro forjado, pintándolo con los mismos colores con los que pintaban sus barcas. Todos ellos estaban orientados al mar. Curiosamente existe una calle llamada A Rúa Cega ("la calle ciega" en castellano), en la que las casas no están orientadas hacia la costa. Esto podía ser debido a que aquí primaban las labores del campo, ya que el ancho de las puertas estaría adaptado para que los carros pudieran pasar por ellas.

El tercer elemento no podía ser otro: el hórreo, íntimamente asociado a la imagen de Combarro. Hay unos 60 en todo el pueblo y son 30 los que están alineados junto a la costa.

Desde la playa de Padrón se puede observar todo el litoral de Marín, Poio y Combarro con estos antiguos almacenes y despensas perfectamente situados. Aquí se guardaban los alimentos, tanto los del campo y las carnes como el pescado. La localización en la costa facilitaba el transporte desde las tierras del otro lado de la ría, evitando los caminos interiores y realizando la descarga desde el mar. Fueron también una atracción constante para los muchos piratas que hasta aquí llegaron.

Llegando al peirao, antiguo lugar de intercambio y venta de pescado, se sigue por la calle A Rúa, la más comercial, y se sube A Gurita, una roca granítica a la cual se le dio forma de escalera. Finalmente, el recorrido acaba de nuevo en la plaza de Chousa.
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