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Catoira revive el asalto de los saqueadores vikingos

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Las Torres del Oeste vigilan aún hoy majestuosamente la entrada desde la ría de Arousa al río Ulla más de mil años después de las incursiones de los vikingos, que atacaban Galicia para saquear el oro de Jakobsland, como denominaban a Santiago de Compostela. En la actualidad las ruinas de esta antigua pieza defensiva son, el primer domingo de agosto, el escenario de un espectacular y divertido desembarco de los guerreros nórdicos. La fiesta, de Interés Turístico Internacional, atrae cada año a más de 50.000 personas.

El conjunto fortificado de las torres, Monumento Histórico-Artístico Nacional desde 1931, formaba parte de la red de defensa marítima junto con las torres de A Lanzada (Sanxenxo) y San Sadurniño (Cambados). Desde allí se alertaba a Compostela de la llegada de invasores a fin de solicitar refuerzos.

La Romería Vikinga nació en 1961 por iniciativa de un grupo de amigos que se reunían en la cantina de la estación ferroviaria, regentada por Segundo Rodríguez Sánchez, fundador del Ateneo del Ullán. Los miembros de esta entidad organizaron una comida en honor del arzobispo catoirense Xelmírez. Allí se produjo una anécdota que daría lugar a una fiesta que hoy es internacional y que ha hermanado a Catoira con los países de tradición vikinga. Aquellos amigos divisaron en los montes de Isorna (Rianxo) un fuego y, según los testimonios, Faustino Rey Romero, poeta y cura de Catoira, exclamó: ¡Es el fuego de los vikingos que nos vienen a atacar; que vienen los vikingos!

Ulf, el Gallego

Al año siguiente se repitió la experiencia y apareció por primera vez la figura de Ulf, el invasor vikingo que llegó en el siglo XI cubierto de ramas y que ha pasado a la historia como el Gallego. El primer desembarco de los guerreros nórdicos se produjo en 1968 a bordo de un barco de extracción de arena disfrazado de drakkar, con la proa y popa elevadas, mascarones, velas y 24 remos, en el que navegaban cerca de 50 piratas.

A partir de 1965 la fiesta pasó a manos de los trabajadores de Cedonosa, empresa pionera en la fabricación de baldosas de gres; sus 200 empleados se encargaron de la organización de la romería anual, corriendo con los gastos. En cada edición se servían cientos de kilos de mejillones y vino tinto del Ulla, una tradición que perduraría en el tiempo.

A bordo de los drakkar más de 200 guerreros baten sus espadas contra los escudos y las levantan antes de saltar a tierra en busca de su botín

El Ayuntamiento se encarga de la organización de la fiesta desde 1991 junto con el Ateneo Vikingo. Aquel primer drakkar, que ni siquiera estaba preparado para navegar, dejó paso a una flota que, en 2016, ya estaba compuesta por cinco barcos: los drakkar Torres del Oeste, el Frederikssund, el galeón Úrsula del Ateneo Vikingo, el Illa de Cortegada y el galeón Kornaira. A bordo, unos 200 guerreros ataviados con faldas, pieles, cascos con cuernos, espadas y escudos asaltan Catoira a los pies de las torres. Miles de personas de Galicia, del resto de la Península e incluso de otros países de Europa acuden a presenciar el espectáculo.

La fiesta está declarada de Interés Turístico Internacional desde 2002 y previamente se realizó un importante trabajo para darla a conocer en otros países. Catoira estableció lazos con la ciudad de Frederikssund, la de mayor tradición vikinga en Dinamarca y que dio nombre al primer drakkar, y actualmente mantiene relaciones con todas las urbes con pasado vinculado a los guerreros nórdicos.

Cena medieval con mil comensales

El desembarco, que en 2017 se celebra el día 6, viene precedido y acompañado de numerosas actividades culturales. La noche anterior tiene lugar una cena medieval con 1.000 comensales y, a continuación, un espectáculo de fuegos de luces al que asisten 7.000 personas. Representaciones teatrales, conciertos, cursos y charlas forman parte de la agenda previa al desembarco desde comienzos de la semana.

El desembarco es el momento álgido de la fiesta. Las embarcaciones con los vikingos a bordo navegan hacia los islotes de As Lobeiras, donde planifican el ataque. Desde allí parten hacia las Torres del Oeste seguidos de numerosas embarcaciones congregadas para presenciar el espectáculo. Los drakkar hacen un primer recorrido antes de atracar; los guerreros golpean sus espadas contra los escudos y las levantan en señal de amenaza.

Ya cerca de tierra los piratas nórdicos saltan y corren en busca de su botín, barriles de vino tinto colocados para la ocasión. Su contenido es vertido en cascos y cuernos y comienza un espectáculo de grandes dimensiones retratado en grandes medios de comunicación gallegos e internacionales. ¡La fiesta está servida!

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