Los ojos del Atlántico

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Los faros han sido siempre guardianes de océanos y mares. Construcciones milenarias, los faros son en la costa lo que las señales en la carretera, un aviso para frenar o continuar, una invitación a dirigirte a uno y a todos, y a fantasear con la idea de la vida ermitaña de la persona que trabaja en el faro.

La costa de las Rías Baixas es muy famosa por sus faros. Muchos de ellos guardan leyendas sobre naufragios cargadas de misticismo.

Una costa como la de Rías Baixas, de perfil suave pero de entradas sinuosas, ha necesitado de faros para ayudar a navegantes en sus travesías y en sus acercamientos a localidades costeras. Actualmente la mayoría están automatizados pero hubo un tiempo en el que la figura de la farera o farero era indispensable para su funcionamiento; ésta tenía un halo de misterio y romanticismo, mujeres y hombres consagrados a la protección de las costas con una vida casi ermitaña.

La ruta en la que puedes imaginar cómo sería esa vida te llevará de tierra firme a las islas del Parque Nacional Marítimo-Terrestre das Illas Atlánticas.

Algunas de estas joyas del Atlántico son:

El faro de Punta Cabalo, en A Illa de Arousa, ofrece vistas sobre la ría de Arousa, sus bateas y la cercana costa de Barbanza. Reconvertido en restaurante, continúa funcionando como guía en la noche, lo que añadirá el toque mágico a una experiencia gastronómica ya de por sí especial.

El faro de Ons mantiene la figura de la farera o farero, una de las últimas de Galicia. Al atractivo de acampar en la principal isla del archipiélago de Ons, se añade el visitar un faro peculiar por haberse edificado sobre la base de uno ya existente, y por ser de los últimos en pasarse al uso de la energía fotovoltaica. La visita al monte Cucarno será obligatoria si visitas Ons.

Enfrente y en tierra firme, el faro de Cabo Home preside la Costa da Soavela, en la península do Morrazo. Acompañar la visita de este faro con una jornada playera en Melide será casi inevitable. Esta costa no cuenta únicamente con este extremo. Otra señalización es la del faro de Punta Subrido y, entre ellos, el de Punta Robaleira, entre los que podrás hacer una ruta de senderismo bordeando los acantilados.

A poco más de 2,5 kilómetros, tan cerca que te parecerá que las puedes alcanzar con las manos, están las islas Cíes. En la llamada Illa do Faro se encuentra el edificio del faro de Monteagudo, que pone fin a una de las rutas de senderismo más conocidas por las personas que visitan estas islas o por quienes sueñan con ir algún día. El ascenso lleno de curvas merecerá la pena: 178 metros de altura, el horizonte a un lado, la ría de Vigo al otro y la visión del archipiélago, sus playas y su fauna y flora casi a vista de pájaro.

La ciudad de Vigo cuenta con un mirador sobre su ría indispensable si buscas ese atardecer que garantizará las mejores fotos de tu álbum de vacaciones: el monte de A Guía. El promontorio en el que se ubica forma una punta hacia el mar, conocida como Punta da Guía, con su correspondiente faro. Originariamente construido en el 1844, el actual data de 1914 y sirvió para guiar a las embarcaciones que navegaban por la ensenada de San Simón, siendo su lazareto en aquella época la razón del importante aumento del tráfico marítimo. Hoy en día marca el inicio de la senda litoral del monte da Guía.

El más septentrional de esta ruta, el faro de Cabo Silleiro, te llevará más allá de Baiona y, temporalmente, al siglo XIX, momento de su construcción. Pero éste, demasiado cerca de las embestidas del mar, fue abandonado y en 1924 se eligió un punto más alto en la montaña para el nuevo. Su función se vuelve indispensable para la navegación de la costa sur de Rías Baixas debido al largo alcance de su lámpara. 
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