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Torres de Oeste, Catoira

Torres de Oeste en CatoiraDrakkar, Rautis, República Checa

Los drakkars vikingos se adentraban en la ría de Arousa y remontaban el Ulla en sus incursiones para saquear Santiago de Compostela. Corrían los siglos X y XI, y el enemigo nórdico se convirtió en una pesadilla para las y los pobladores de la provincia de Pontevedra. Armados con lanzas y machetes que manejaban con pericia llegaban a bordo de rápidos barcos y, al bajar la tierra, causaban grandes estragos en sus conquistas.

Las ruinas de las torres de Oeste, en Catoira, son testigo de aquellas invasiones. Alfonso V le donó a la iglesia en 1024 el terreno en el que se levantaron para defender el territorio de los ataques. En ese tiempo asediaba la provincia con mano de hierro el caudillo Ulf, conocido como El Gallego. Su objetivo: la conquista de Jakobsland, las tierras de Santiago de Compostela. Durante dos décadas se sucedieron los ataques de este vikingo, que golpeó con dureza también la ría de Vigo en sus saqueos.

El obispo Cresconio reforzó la estructura de las torres de Oeste y ordenó construir la capilla en honor al apóstol Santiago. La consolidación del entramado defensivo se prolongaría con sus sucesores Diego Peláez y Diego Xelmírez; finalmente quedó compuesto de siete torres.

Aquellas magnas fortificaciones son hoy testigo de una gran romería de Interés Turístico Internacional el primer domingo de agosto. Los vikingos ya no llegan a Catoira en sus drakkars a la conquista de Jakobsland, sino en busca de fiesta.