Cabecera experiencia

El oro negro de A Brea

Buscador
Disfrutar con...
Icono Pareja Pareja Icono Grupo Grupo Icono Solo Solo Icono Familia Familia
Cuándo ir...
Icono Otoño Otoño Icono Invierno Invierno Icono Primavera Primavera Icono Verano Verano
Dónde...
Icono Interior Norte Interior Norte

En la II Guerra Mundial las entrañas de Vila de Cruces se convirtieron en el epicentro de una guerra secreta. Aunque se trabajaba ya muchos años antes, la minería fue el eje conductor del desarrollo de la zona en aquellos tiempos y As Rías Baixas se vieron afectadas por ello.


El poblado minero de Fontao es un lugar rodeado de misterio e historia. El entorno es un paisaje desolado pero de una belleza hipnótica. Aquí encontramos el volframio, que se convirtió en un mineral prioritario para todos los bandos enfrentados.

Con la efervescente actividad extractiva el pueblo se hizo real. Se abrieron unas sesenta tabernas, dos cines y tres salones de baile, así como varias casas de comida, hostales y apartamentos donde alojar a obreros. Todo ello en el barrio de madera, un cóctel de vida en Deza que generaba dinero para pasar una posguerra que había dejado al pueblo con hambre.

En el momento de mayor producción alrededor de 6.000 personas trabajaban allí de forma oficial, pero la complicidad de la nocturnidad animaba a muchos a acechar las excavaciones y arriesgarse, en aquellos tiempos de pobreza, al estraperlo del mineral.

En toda esta historia las mujeres tuvieron un papel muy importante en la mina, como demuestran las diversas fotografías que podemos encontrar de esta época. A ellas no se les permitía bajar a las galerías ni a las fábricas pero realizaban los trabajos de lavado y separación de material. Las vecinas de A Brea cuentan a sus nietos historias sobre el trasiego clandestino en el que se vieron envueltas. Las minas, controladas por los alemanes, eran objeto de deseo de los aliados, por lo que algunas de ellas se arriesgaban vinculándose con partidas que vendían al mejor postor para ganarse el pan. Muchas eran detenidas al salir de trabajar por llevar en sus tinas wólfram camuflado entre la tierra. Los hombres tenían también triquiñuelas: se vestían con ropas de lana y cuando finalizaba la jornada se tiraban sobre las montañas del mineral ya molido. Al llegar a casa saltaban sobre una sábana para que el wólfram cayese y poder venderlo para sacar un dinero a mayores.

El valle horadado por el río Deza fue la ubicación casual de la mina. A día de hoy hay un cañón de gran belleza y a poca distancia la caída natural de agua más alta de As Rías Baixas y de Galicia: la cascada del río Toxa. El monasterio de Carboeiro se encuentra también cerca, escenario de las escaramuzas protagonizadas por los que hacían la llamada ruta del estraperlo, escapando con el wolframio que extraían de las minas.

A Brea ofrece, además, un lugar ideal para disfrutar de las propiedades del agua: el Hotel-Balneario de A Brea. Sus modernas instalaciones, rodeadas de bosques y agua, son un lugar excepcional para practicar la balneoterapia. ¡Sumérgete!
Disfrutar con...
Icono Pareja Pareja Icono Grupo Grupo Icono Solo Solo Icono Familia Familia
Cuándo ir...
Icono Otoño Otoño Icono Invierno Invierno Icono Primavera Primavera Icono Verano Verano
Dónde...
Icono Interior Norte Interior Norte